- Qué problema resolvemos
No qué tecnología usamos, sino qué necesidad de negocio estamos cubriendo.
- Qué restricciones tenemos
Regulatorias, geográficas, de presupuesto, de latencia, de disponibilidad.
- Qué riesgos aceptamos
Dependencia de proveedor, concentración geográfica, costos variables, seguridad.
- Qué capacidades necesitamos
Escalado elástico, aislamiento físico, cumplimiento normativo, integración con sistemas existentes.
Operación compleja
La tecnología no simplifica la operación: la transforma. Los problemas de red, seguridad y gestión siguen existiendo, solo que en un plano diferente.
Dependencia tecnológica
Cada componente propietario que se adopta es una atadura que dificulta la evolución futura.
Cuando una organización empieza por la implementación en lugar de por la estrategia, las consecuencias son predecibles y, a menudo, costosas.
El problema no es la tecnología. El problema es cuando la tecnología define la estrategia en lugar de ser una consecuencia de ella.
Solo después de responder estas preguntas tiene sentido evaluar si la arquitectura monolítica, los microservicios o un modelo híbrido es la opción adecuada. Y la respuesta, en muchos casos, no será «lo último» sino «lo que corresponde».
PRINCIPIO
Las organizaciones que empiezan por el «cómo» antes del «qué» y el «por qué» terminan pagando el doble por la misma funcionalidad.
Antes de elegir un camino técnico, hay preguntas que deben responderse primero. Sin ellas, cualquier decisión es especulativa.
La diferencia es sutil pero determinante. Un enfoque resuelve cómo ejecutar, pero no responde a preguntas como qué problema resolver, con qué restricciones o a qué costo aceptable.